Hace poco, un personaje de los llamados Padres de la Patria, mencionó que era importante realizar un viaje a un país del medio oriente con la finalidad de llevar un mensaje de solidaridad. Qué mayor solidaridad la que necesitan todas aquellas familias que han perdido a un ser querido por el fenómeno de las pandillas.
Si estos personajes hablan de solidaridad, pues sería bueno verlos ganando un salario mínimo, sería bueno que no se dieron tantos caprichitos (lujitos), como cuando se hacen regalos; se dice que entre ellos no se pueden dar regalos de baja calidad; pero "a lo mejor" no sale de su bolsa (quitemos "a lo mejor").
Si hablan de solidaridad, porque no pagan ellos sus gastos. Lastimosamente ocupar un puesto como esos, la mayoría lo ve como el mejor negocio de sus vidas, pero se olvidan que al llegar a un puesto de esos, lo que deben hacer es trabajar para el pueblo y no para sus lujos, viajes y otras misceláneas suntuosas. Buscan asesores, en ocasiones son familiares que no tienen una trayectoria profesional, pero lo que buscan no es un verdadero asesor sino llenar un puesto para percibir la remuneración económica. ¿Qué perfil debería tener un asesor? la respuesta se la dejo a su percepción.
¿Qué pasa en nuestro país? nos dejamos dar atol con un dedo y simplemente nos conformamos con votar por el menos "pior", pero en ningún momento exigimos que los candidatos sean personas idóneas, personas que piensen en el bienestar común de nuestro país, en el desarrollo a nivel regional y sobre todo a mejorar las condiciones de vida de todos los salvadoreños.
Existen muchos de estos personajes que cuando se acercan las elecciones, andan con las ventanas de sus vehículos abajo, saludando a quien encuentren, prometiendo el cielo y la tierra, dando audiencias a cualquier hora; pero al paso de este período, las agendas se llenan, los vidrios de los vehículos se suben y lo más gracioso: "que ya no conocen a nadie". Este es el relleno de hipocresía que ponen estos señores al pastel.
Que alegría me da ver en las mañanas un país que se levanta temprano, que su gente se dirige con alegría a sus trabajos; con motivación, empeño y sobre todo el deseo de salir adelante. Sin embargo, esta persona gana 20 veces menos al mes, que un dis que padre de la Patria. Y esa persona, con ese carente sueldo, dignifica a su familia y a la sociedad salvadoreña. Y más con eso, aún, paga los salarios de estas personas que no ven más allá de sus intereses y terminan de poner la cubierta al pastel, una cubierta de caprichitos. Estos caprichitos se basan en la realización de viajes innecesarios con cortinas de humo como: solidaridad, relaciones internacionales y muchas otras ocurrencias sin sentido.
Les apuesto que al hacer una investigación de estos gastos innecesarios, tendríamos un fondo para poder dar inicio a una reestructuración de la educación, salud y otras áreas que gritan la necesidad de ser atendidas.
¿Hasta cuando pueblo salvadoreño? Hasta cuando vamos a seguir cocinando este pastel de solidaridad con cubierta de caprichos y relleno de hipocresía, hasta cuando vamos a cambiar esta receta y sobre todo a estos cocineros. Es momento de dar la oportunidad a otros cocineros para que cambien esta nauseabunda receta.